27 oct. 2008

Vale


Casi tengo que hacerme un esquema para recordar todo lo que he hecho este fin de semana.
Días preparando todo y mira como sale de bien.
Yo, que no soy muy de frío, pensé que sería buena idea levantarme prontísimo después de haber salido la noche anterior (cosa que más tarde comprendí que debería de haberme ahorrado por un día) para ir en bus a hielatelandia. Osea, Segovia.
Llevaba mucho tiempo queriéndo ir, y venga a pedirlo y venga a pedirlo, y al final allí estábamos yo y un segoviano de corazón paseando por una ciudad donde pega completamente llevar miriñaque.
Sin duda tenían razón y el Otoño es una época genial para asomarse por Castilla (la vieja) y caminar sobre hojas con más hojas cayendo sobre tu cabeza. Hacía frío, pero el solecito calentaba la cara y después de subir cuestas, la cosa cambia y te sobra todo (pero en cuanto te paras te lo tienes que poner corriendo).
Bajábamos para volver a subir, para ver el río, el cementerio judío, las iglesias y el Alcázar. Tan grande, tan de cuento de princesas y batallas. Segovia es como abrir un libro de Historia, bien cuidadito con mucho mimo. Es curiosamente una ciudad de la que he oído hablar mucho y es como me contaban o mejor (porque respecto a la comida, ya te lo pueden contar como quieras que hasta que lo pruebes...nada que hacer). Coincidió que era San Frutos (no me preguntéis por todos los nombres que me he enterado este fin de semana de que son Nombres) y la gente se arremolinaba en la plaza para oír a la banda y....bailar jotas! Recordé el traje de segoviana de la madre de Alhambra. Tan pesado, tantas capas...¿Cómo se baila con eso? Si a mí me costaba moverme. Comenzamos allí mismo nuestra ruta gastronómica...mmm..pero qué rico...el primer sitio..Negresco? si?mmm..si, yo creo que sí. ñam ñam. Y más y más. Curiosamente la gente allí se fía de la otra gente. El pincho (que es la tapa) lo coges tu mismo del plato que quieras que hay sobre la encimera...si haces eso en Andalucía te quedas hasta sin plato.
Seguimos bajando hasta ver el acueducto (lo que un niño al dia siguiente confundiría con una fuente). Es tan increíble para cualquiera, pero especialmente para alguien de mi formación darse cuenta de la cantidad de tiempo que lleva eso ahí, de la de cosas que han pasado bajo él, que me dió hasta apuro tocar las primeras piedras.
Recogemos un cochecito (que luego demostró ser un cochazo) y nos movimos rumbo a Turégano. Ni tan lejos íbamos y yo notaba que me alejaba de la civilización, cuando lo que hacía era acerarme. Pasamos por Basardilla "Para que te hagas una idea", y llegamos al destino. Es curioso que en esas 4 calles haya tantas cosas, me sentía en Bienvenido Mister Marshall, qué se yo, con esa plaza y la calle larga que lleva a la carretera.
Si, si, y llegamos a la habitación, y qué buen rollo, y qué buen baño, yo quiero uno así para mi casa...un poco más grande quizás, pero así. Y al dar el paseo, empieza ese alegre olor a...cerdo, estiércol...un poco de todo. Con el olorcillo aprieta el hambre y vamos a tocar al timbre de Miguel Ángel (ya como en casa) a ver qué nos llevamos. De resto estuvo jodido comer, resulta que estaban de fiesta las cocineras en general...no me lo podía creer. Seguimos indicaciones, y pasada la gasolinera pudimos saciar el hambre y la gula.
De vuelta sí que hacía frio, joder. Pero dentro sobraba cama y faltaba sitio para el calor.
Y descansar y descansar, y a aprovechar lo descansado, y otro día precioso. Desayuno de los campeones y en camino..mm..espera, un pastelito más.
Hay en Turégano, un castillo, vamos ser exactos y vamos a llamarlo fortaleza. Con una iglesia dentro. No es que a mí me den miedo, que no me dan, pero imponía las subidas y bajadas y los huecos vacíos de las estancias. Y en lo más alto de la más alta torre (la prosa no es mía, es normal que os suene) me entraron unas ganas de matar...joder es q de pronto te das cuenta de que tienes a todo el mundo a tiro, vamos q si yo tuviera buena puntería (y un arma) me cargaba medio pueblo...qué mal me estoy sintiendo.
Y después de Turégano y de pasar de los ángeles de Lucía Bosé, cogimos carretera y manta y nos comimos con patatas los planes. De camino a Segovia paramos en la Granja, pasamos ya a palabras mayores, porque esto era un palacio, afrancesado, con sus dorados y sus jardines planificados, un palacio rosa y fuentes de bronce. Un palacio de verano evidentemente, pero que por lo visto Felipe V eligió como casa. No me extraña.
La parada allí fue breve, supongo que ambos estábamos con la mosca detrás de la oreja de un niñatillo que se nos había intentado subir a la chepa al aparcar. Volvimos al coche y seguimos cambiando planes (cosa que cada vez se nos daba mejor y me gustaba más). Riofrío. A mí me nombras Riofrío y pienso en truchas y un bar muy grande al lado de la carretera. Pero el caso es que me llevaban a un palacio (más más!). Pero de camino me sentía como el rey viendo sus tierras, los ciervos allí tranquilamente y todo tan bonito y tan brillante que te daba pena no haber llevado allí el chorizo, la morcilla (pa tí)y todas las cosas ricas que luego iba a comer en Segovia City y comer con ellos (con los ciervos) al lado del palacio y viendo a una mujer tumbada durmiendo, y luego tumbarte tu otro rato.
Pero había que salir y eso hicimos. Volvimos a Segovia, paseamos lo que nos faltaba, comimos lo que necesitábamos ( y un poco más) y vimos otra luz de la misma ciudad. Y así, atardeciendo el acueducto impone más.
Había que devolver el coche, y para ello una visita (parte de la cual nos llevaría en coche a Madrid, parte del viaje que voy a obviar por eterna). Un poco de calorcito y algo de lo que escribir en otro post a parte.
Conforme veía que mi visita acababa comprendía que me había quedado con ganas de más.
Es una ciudad tan pequeñita, pero que tiene tanto que me da la impresión de que siempre va a tener cosas nuevas que darme.
Y ese tipo de ciudades son mi especialidad.

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