2 abr. 2009

Japón, campanas, cortos y señales.



No me siento bien abandonando este lugar. Así que vuelvo a dejar una huella por aquí.
Volví de Japón, brutalmente consciente del problema de la globalización. Una pseudocultura se come a la ancestral, la quietud y la paz, el papel y la madera son engullidos por colores estridentes, ruido a saco y Louis Vuitton (o…Di! Ai! Ou! Ar! DIOR!). Un país cuya juventud prefiere la carne al pescado (en la mesa), y a la bandera blanca y roja prefiere meterle un poco de azul, y que el sol que nace sea con la clásica forma de estrella.
Por ahí por Facebook andan las fotos, y algún trazo de lo perdido que te puedes encontrar allí, pero lo fácil que es encontrarte. Y que si he aprendido japonés? Y que si me he comprado algo en japón? Pero macho! Si he comprado hasta arte! Y hay que ver lo que es la vida…una galería es una galería aquí, en NY y en Japón.
En fin señores, que con la tontería hace 2 semanas ya que volví y las cosas han dado como 2 vueltas de campana y aún no siento que se haya quedado en su sitio, o que lo haya encontrado. Tengo aún muchas cosas que decidir pero tengo como el triple que hacer, y a parte cumplo en breve una primavera más (cómo me gusta haber nacido en Abril!).
Como estoy muy Kantiana, me voy a pasar al positivismo crónico para el día de hoy, a pesar de que me queda una larga tarde de Ceán Bermudez (si no sabéis lo que es os esperáis un par de días y os mando un dossier y una presentación). Pero esta noche teatro!!! :D. Prometo reseña que seguro que la merece.
Mientras os dejo con el trailler del corto de las narices que tanto le costó nacer. El lunes hubo alfombra roja…bueno casi, y celebramos los largos meses de trabajo de las directoras y el esfuerzo de todos para echarles un cable a un par de chicas que valen mucho.

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