29 ago. 2009

De venidas

Madrid, 9.20 de la mañana.

Me he despertado pronto porque este piso mío es un arma de doble filo. Si cierras las ventanas te garantizo que no llegas a dormirte, si las abres te garantizo que te despierta el sol temprano.

He vuelto después de más de dos meses a esta ciudad...y la verdad es que no la he echado de menos...no, a Madrid no. Y menos a Madrid en Agosto, me niego.
Pero creo que desde que me vine aquí hace 5 años, nunca me había pasado tanto tiempo seguido sin asomar la nariz por la capital (excepto el paréntesis NY). Siempre era la cosa de tener una excusa para volver.
Este verano no hubo excusas, o quizás demasiadas cosas que hacer, poco dinero. Madrid no contaba conmigo ni yo con ella.
Llegué a las 9 de la noche. 9.30 por ser yo. Un calor de mierda, atasco, Mendez Álvaro hasta la bola...pero oye, se siente como en casa, esa imágen desde la autovía tan desoladora es imagen familiar.
Y ahora, me pregunto...cuando esto se acabe y haya una despedida y no tenga mi casa esperándome...¿Qué me quedará de Madrid? No será mi ciudad de residencia, ni donde estudio, ni donde vive mi familia...
Siempre he sabido despegarme bien de los lugares, porque siempre quedaba alguien de la familia allí o un vínculo inseparable (ser la ONU es lo que tiene). Pero ahora...esto es totalmente nuevo, como lo fue la ciudad para mí al llegar.
En mi pared tengo una foto de una pintada que pone:

"You don't know how hearts burn for love that cannont live but never dies"

Madrid 9.31 de la mañana.

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