5 sept. 2009

Porque en un mundo que va...



Esto del cerebro es alucinante, de verdad...es que funciona él solito...qué cosas.

Me he despertado hace como...media hora? sigo en la cama.
Y no había llegado aún a la puerta del baño y pensé "porque un mundo que va a la velocidad del rayo aguanto el vuelo más si me agarro de tu mano, acompáñame hasta donde pueda llegar" esa canción...hacía mil que no la oía (o eso creo). En realidad no es de las más conocidas de Miguel Bosé (oh sí! oh sí! y me da igual lo que diga todo el mundo) y ahí estaba yo cepillándome los dientes pensando "porque en un mundo que va como la luz del pensamiento el mérito está en no quedarse en el intento y aunque no lo creas qué duda cabe ya"...pero no recordaba el resto de la canción.

He vuelto, he abierto los textos de estética que ME NIEGO a imprimir, y la busco en google...no recordaba ni el nombre de la canción (y mira que mi madre y Yolanda me adoctrinaron en lo que a Bosé se refiere)...Este mundo va.

Hay una versión con Leonor Watling...destrucción, una pena.

La cuestión es que la escuché y pensé que parecía que el ordenador de mi cabeza había buscado lo apropiado en mi base de datos, antes de que yo buscara en el mío. Esto qué viene a decir? pues que quizás B. Gracián tenía razón y mejor no te esfuerces en estudiar la naturaleza porque es algo tan superior que no tiene sentido ni intentarlo. Bueno, vale, no tenía razón, pero sí que pienso que a veces nuestra cabeza hace "clicks" perfectos que es imposible comprender cómo hemos llegado hasta allí.

Quizás en esa cadenita que hizo mi cabeza mientras dormía, uno de los eslabones fuera Milán Kundera y el "libro de los amores ridículos" al que ayer por la mañana me entregué y tuve que terminar cogiéndo un lápiz para marcar y escribir porciones de ese dulce.

Hablando de dulces con letras, estoy en proceso de volver a leerme Anna Karénina. oh Rusia. oh Tolstói...

Ayer, salimos de estudiar en la MCARS y aún quedaba media hora para que cerraran el Reina y entramos corriendo, Blanca para ver El gran profeta de Gargallo y yo para ver el Guernica y el Ballet Triádico de Oskar Schlemmer... Blanca no lo había visto y la llevé, pero me equivoqué de puerta, quería que lo viera desde el pasillo, con el fondo negro y no viniendo de lado, así que le tapé los ojos y la arrastré (porque no se fiaba mucho de mí y casi se agarra al suelo con las uñas) por la sala hasta que salimos, le dí la vuelta y lo vió. Venga, hombre, cómo va a ser lo mismo??. Es que yo tenía que haber nacido en la Bauhaus.




PD: ruego piedad con mis pintas, venia de estudiar.