22 abr. 2008

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Te llevo dentro como las encías…
¿Cuántas cosas lleváis dentro vosotros?
Yo por llevar ya llevo hasta el bus que me lleva de DC a NY (y viceversa). Llevo dentro los colores que veo todos los días, las sonrisas y las malas leches que mamaron.
Me ha dado tiempo a darle tantas vueltas a la cabeza que al final me he quedado dormida. El traqueteo y el mal tiempo atolondran y se vienen grandes (y no tan grandes) ideas, la buena música acompaña y hubiera preferido dar vueltas a Manhattan hasta que se hiciera de día antes de bajarme y hacer el camino a casa.
Eso también lo llevo dentro.
Mis malas cuentas, y mi carencia de recordatorio de mi aniversario como persona, hacen que me cabree conmigo misma mucho más y que me entre la penilla por retrasada. Pero si en ese momento frío como un bloque de hielo, ante la pantalla de ordenador, viendo el resumen de números no hubieras estado a mi lado, hubiera sido mucho peor.
Si, mis rarezas y mi extraña personalidad de hundirme con la misma facilidad que salgo a flote si encuentro la más mínima señal de ayuda, también los llevo dentro.
Me he encontrado en medio (nunca mejor dicho) de conversaciones de lo más extrañas pero divertidas, opino más para dentro que para afuera y lo que me dejo por decir lo suelto aquí o en algún otro escrito. No puedo plasmaros en este blog las conversaciones, porque invadiría la privacidad de otros (no la mía, yo de eso gasto poco, ya se encarga todo Dios de contarla), lo siento.
Ah, para los de las dudas: los visitantes son ratones. Yo no los he visto, Todd tampoco, pero sabemos (más bien lo sabe él que yo) que nos rodean. He pensado varias veces estos días en mi puerta del cuarto cerrada a cal y canto y la espantosa posibilidad de que se asomaran por ahí. A pesar de que son pequeños, no son ratas y no hacen nada, sinceramente me sobran en mi vida de todas todas. La cuestión es que en los bajos de este edificio están de obras (los chinos estos) y suben cuando remueven abajo- cuenta mi compañero de piso con toda la naturalidad del mundo hasta que mi expresión de “cállate por favor” le interrumpe. A veces le intento hacer bromas, pero analiza todo tan seriamente que al explicarlo pierde toda la gracia, aunque resulta entrañable.
Vuelvo en el metro este y de nuevo por el medio de la calle con el paso apretado, de un fin de semana que parece sacado de hace tiempo, sol y lluvia, voley, bolos (I’m back!), comida con lo que se puede y el resto alcohol, y queridosdas: sabe más rico así; en la cama o en el suelo, en platos distintos y con lo que habitaba en la nevera que no era mucho, alcohol de manera controlada pero de risas, mucho baile (gracias!), y buena música. Oh baby, no pido más. Y no, no me agobio, y para mí la ducha no es solo el sitio donde me quito los dibujos y frases del cuerpo, si no donde me río y lucho por un poco de agua en el pelo. No en la cara, gracias.
Ah! Por cierto, a youtube también lo llevo dentro.
Más cosas (lo damos, lo damos, lo regalamos, o como decía mi traductor hoy de lo que uno gritaba en Chinatown “1 por 5, 2 por 8, estoy que lo tiro”…no me preguntéis cómo se supone que lo dijo en inglés, esas dudas al interprete): Comienzo a sentir preocupante interés por un deporte que hace años que no le presto atención, aunque tuve mi momento de énfasis, todo hay que decirlo. Yessirrrrr… el baloncesto vuelve a mi vida, no se…tenéis que venir y verlo aquí con una enciclopedia al lado, como lo hago yo, o en el estadio!
Verlo sin más no es lo mismo, pero verlo entendiéndolo es otro tema. A parte de que se me asimila en muchas cosas a un baile, una coreografía perfecta, movimientos que me gustaría copiar al milímetro, lo mejor que tiene para mí, es el factor sorpresa. Es tan breve que la intensidad crece, y con ella el juego, impredecible, al menos para mí. Me encanta la posibilidad de que la cosa dé la vuelta, y que en segundos todo cambie dando esperanzas por un lado y ganas de lucha por el otro. Sí, creo que eso es lo mejor de este deporte.

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