9 nov. 2009

A los buenos días...

Tiene gracia la cosa...Esta mañana me llaman a las (déjame mirarlo en el móvil) a las 9:56, que no me parece una hora aceptable en general, ni aún siendo lunes.
La cuestión es que es una compañía de telefónica:
-Hola buenos días, es usted la titular de la línea 6XXXXXXXX?
-mmm...si...
-Le llamo de blablabla me dice su nombre para que me pueda dirigir a usted?
-Me llamo Andrea, pero no estoy interesada... y además me acaba de despertar...
-Oh Oh...vaya doña Andrea, lo siento, disculpe...una pregunta solo: es usted mayor de edad?
(aquí es donde pienso yo: pero chico, vas a seguir hablando??)
- Si que lo soy, si...tengo 23 años ya.
-Parece más pequeña. Bueno disculpe por todo y que tenga buen día.
-Igualmente
-Una cosa Doña Andrea (lo de Doña es genial), tiene usted una voz preciosa.
-...eeehh...gracias...

Total, que tiene gracia en el fondo que el despertar te lo alegre el argentino que quiere que te cambies de compañía.
Cosas así son las que me llevan a pensar a veces que la vida si te pones, puede ser agradable: En esta situación por seguir con el ejemplo y no explicar otro, yo tenía dos opciones:
Opción 1: Cabrearme, ser cortante y nombrar a toda su genealogía mentalmente por despertarme.
Opción 2: Procurar seguir dormida durante la breve conversación para no perder mucho el hilo del sueño y decirle brevemente que gracias, pero no. Y de premio por no ser un ogro, te dicen algo agradable.
¿Tiene mayor trascendencia que alguien te haga la pelota a ver si le sigues el rollo y terminas cambiándote de compañía? no. No la tiene. Pero cuando colgué, después de hacer este minianálisis, pensé que prefería pensar que mi voz era preciosa.
Y así me alegro el día, a pesar de que no me pudiera volver a dormir.

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